Según la creencia islámica, los derechos humanos no son normas que cambian según el tiempo o los gobiernos. Estos derechos son depósitos sagrados otorgados por el Creador a cada ser humano desde su nacimiento. El Islam, hace más de catorce siglos, proclamó la igualdad de toda la humanidad y la existencia de derechos inalienables para cada persona.
En el Islam, todo ser humano es digno de respeto simplemente por ser humano. La raza, el idioma, el color o el estatus social no son criterios de superioridad. La verdadera superioridad reside únicamente en la virtud moral y la conciencia de responsabilidad ante Dios (taqwa).
“Y, ciertamente, honramos a los hijos de Adán…” (Sura Al-Isra, 70)
“¡Oh humanidad! Os hemos creado de un hombre y una mujer, y os hemos hecho pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado ante Allah es el más piadoso de entre vosotros…” (Sura Al-Hujurat, 13)
La vida es el regalo más sagrado que Allah ha otorgado al ser humano. Quitar la vida a una persona inocente se considera equivalente a haber matado a toda la humanidad.
“…Quien mata a una persona sin que esta haya cometido asesinato ni فساد en la tierra, es como si hubiera matado a toda la humanidad; y quien salva una vida, es como si hubiera salvado a toda la humanidad…” (Sura Al-Ma’ida, 32)
El Islam respeta plenamente la libre voluntad del individuo en asuntos de fe. Nadie puede ser obligado a aceptar una religión ni a cambiarla.
“No hay coacción en la religión…” (Sura Al-Baqara, 256)
“Si tu Señor hubiera querido, todos los que están en la tierra habrían creído. ¿Vas entonces a obligar a la gente a que sea creyente?” (Sura Yunus, 99)
La justicia es uno de los pilares fundamentales del Islam. Ni siquiera el odio o la enemistad hacia una persona o comunidad puede justificar la injusticia. Ante la ley, el fuerte y el débil son iguales.
“¡Oh creyentes! Sed firmes en la justicia, siendo testigos por Allah, aunque sea contra vosotros mismos o vuestros padres y parientes. Y que el odio de un pueblo no os lleve a ser injustos. Sed justos…” (Sura Al-Ma’ida, 8)
Los bienes, propiedades y el trabajo de cada persona obtenidos de forma lícita son sagrados e inviolables. Nadie tiene derecho a apropiarse de la propiedad ajena ni a explotar el trabajo de otros.
“No os apropiéis injustamente de los bienes de los demás…” (Sura Al-Baqara, 188)
La visión islámica de los derechos humanos se basa en una perspectiva que coloca la dignidad humana en el centro y busca protegerla. El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él), en su Sermón de Despedida, resumió estos principios proclamando al mundo que la vida, la propiedad y el honor de las personas son inviolables. El Islam considera la protección de la justicia y la dignidad humana no solo como un deber legal, sino también como un acto de adoración.